Experiencia chilena será presentada en Congreso de Cirugía, en Santiago:
Una nueva alternativa de trasplante hepático recurre a hígados que antes se descartaban
La falta de donantes ha motivado el uso de órganos que no son los «ideales», pero que ya han salvado a más de 50 chilenos.
Después el trasplante de riñón, el de hígado es el más frecuente en todo el mundo. No obstante, la escasez de donantes y las dificultades para conseguir un órgano compatible hacen la diferencia entre la vida y la muerte para miles de personas -entre ellas, 230 chilenos- en espera de un trasplante hepático.
De allí que una alternativa que crece en el extranjero y con la cual ya se han beneficiado algunas personas en el país sea la de ocupar hígados que antes no eran seleccionados debido a que ya han pasado el período ideal de trasplante (más de 12 horas), o que pertenecían a pacientes de mucha edad, obesos, diabéticos o incluso con hepatitis crónica, entre otras causas.
«En Europa y Estados Unidos se usan cada vez más estos hígados ‘marginales’ para reducir los tiempos de espera y aumentar el universo de posibles donantes», cuenta el doctor Nicolás Jarufe, cirujano hepatobiliar del Hospital Clínico de la Universidad Católica, centro en el cual ya han utilizado esta opción de trasplante en una decena de pacientes desde 2003.
Una cantidad similar ha sido realizada en el Hospital Clínico U. de Chile, mientras que en la Clínica Las Condes ya son una veintena de pacientes, por citar algunos centros.
Comparado con personas que recibieron hígados estándar, los resultados en términos de sobrevida, funcionamiento del órgano y eventuales problemas, son similares. «Hay una pequeña diferencia en complicaciones de la vía biliar en alrededor del 30% de los casos que reciben un hígado ‘marginal’, pero eso se resuelve con un tratamiento endoscópico», dice el doctor Jarufe.
Este estudio comparativo será presentado hoy en el XVII Congreso Latinoamericano de Cirugía, que se está realizando en Santiago y en el que participan mil 300 cirujanos de más de 20 países.
Luis Ferrier, de 67 años, se sometió a un trasplante de este tipo en abril de 2006. «Soy diabético, y las probabilidades de vida eran de tres meses. Hasta que surgió esta posibilidad, con un hígado que no es el óptimo, pero que ha funcionado muy bien».
Don Luis recibió un hígado graso -el órgano presenta una acumulación de grasas en las células hepáticas- que pertenecía a una mujer y que, hasta hace algunos años, no se hubiera usado para trasplante.
«El donante ideal (joven y sin enfermedades), en la práctica, es cada vez más difícil de encontrar. Por eso se está expandiendo el criterio de donación», explica el doctor José Luis Rojas, director médico de la Corporación de Fomento del Trasplante.
«En el futuro vamos a tener un mayor número de donantes adultos mayores, por ejemplo, muchos de los cuales tienen co morbilidades o enfermedades asociadas. Entonces hay que buscar la mejor manera de usar esos órganos», agrega.
Visión con la que concuerda el doctor Eduardo de Santibañes, jefe del programa de trasplante del Hospital Italiano de Buenos Aires, invitado al congreso. Frente a la escasez de donantes «no podemos rechazar estos hígados. Hay gente que se muere esperando un trasplante».
Criterio expandido
De hecho, en algunos países ya se han ocupado hígados de personas que tenían hepatitis crónica. «Se puede usar en un paciente que también tiene hepatitis, pero cuyo hígado está en peores condiciones, pero con el riesgo que eso implica (que desarrolle cirrosis, por ejemplo)», explica el doctor Jarufe.
Aunque debido a lo anterior algunos equipos médicos aún siguen mirando con recelo su uso, «la mayoría de los centros en el mundo están con el ánimo de aplicar este criterio expandido de donación, a todo nivel, no sólo con el hígado», dice Rojas.
«Se ha visto que estos órganos, trasplantados en personas con condiciones de salud parecidas, andan muy bien y con una sobrevida comparable a la de órganos considerados ideales».
Precisamente, este tipo de trasplante no es para cualquier tipo de paciente. «Hay que hacer una muy buena selección», dice el doctor De Santibañes.
«Si una persona sufre una falla hepática fulminante, debe recibir un hígado en buenas condiciones, pero quien tiene un tumor hepático, por ejemplo, puede ocupar esta alternativa», dice el doctor Jarufe.
Lo fundamental, según los especialistas, es contar con el consentimiento del paciente y buscar la mayor compatibilidad posible entre donante y receptor, para reducir el riesgo que, obviamente, es mayor que al usar un órgano en mejores condiciones.
Más opciones
Para acortar el tiempo de espera de los pacientes que requieren un trasplante hepático, los médicos también están recurriendo a otras alternativas. Una de ellas es trasplantar parte del hígado de un donante vivo. Tradicionalmente se usaba entre un padre y su hijo, pero hoy ya se utiliza para donaciones entre adultos, pese a que algunos expertos consideran que eso implica un mayor riesgo para el donante.
Asimismo, se está incentivando el trasplante de hígados de adultos mayores. «Estamos hablando de que la edad dejó de ser una condición para descartar órganos», dice el doctor José Luis Rojas.
Artículo Diario El Mercurio – Cristián González – Chile – noviembre de 2007